La ley del invierno by Gemma Ventura Farré

La ley del invierno by Gemma Ventura Farré

autor:Gemma Ventura Farré [Ventura Farré, Gemma]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Otros
editor: ePubLibre
publicado: 2023-02-01T00:00:00+00:00


7

Y vuelvo a andar por las calles por donde te busqué anoche y esta mañana. Me quedo un rato frente a la persiana cerrada del bar, porque parece razonable pensar que podrías venir aquí, ¿no? Y después, junto al péndulo, que no se mueve ni un ápice, como yo, que te espero como si hubiéramos quedado. ¿Acaso no oyes mi pensamiento? ¿Acaso no notas la fuerza con que te hago venir hacia mí? Qué ridículo resulta todo. Debe de ser cierto: te has ido. Y yo, aquí, estúpida como siempre, debo dar pena. ¿A qué podría aferrarme? Esperanza, ¿en qué otro cuerpo te colarás? No me dejes sin nada, que esto es insoportable. Pero no, no puedo creerme que no volveré a verte. Vamos, ¿cómo quieres que me crea algo así? Sí: debes de estar siguiendo el río, pero seguro que percibes lo que te estoy diciendo, porque te lo digo desde tan adentro que es imposible que no te llegue. ¿Verdad que sí? ¿Verdad que me escuchas? Va, vente un rato, solo un rato, y después da igual, pero ven: solo una vez. Y como eres sensible al lenguaje del pensamiento, seguro que ahora mismo, bajo este sol que ya empieza a apagarse, has detenido tus pasos, te has girado y con tus ojos de mina te has dicho: Haré noche en el pueblo antes de atravesar la niebla. Oh, qué bien, sí, sí, ven. No te estoy pidiendo que te quedes para siempre conmigo, solo un rato. Y un rato puede durar mucho, por supuesto, puede durar días, y meses, y años. Porque el futuro es largo, pero una vez que miras atrás, todo dura muy poco, eso es precisamente lo que le decía antes a Ricard. Y por eso cuando te encuentre te diré, apretando los puños para no sentir vergüenza, que te quedes a vivir en casa: te ofreceré la habitación de debajo de las escaleras, y yo dormiré con Ricard. O no: quizá, acarreándolo entre los dos, podamos trasladarlo abajo y tú te quedas con la habitación grande, que yo ya me tumbaré delante del fuego de la cocina. Y solo con saber que duermes bajo mi mismo techo ya seré feliz. Y como no te molestaré, no notarás ninguna jaula, y como no te pediré que te quedes, no te acosará el impulso de marcharte. Y el día del adiós siempre quedará un poco más allá. Y si Ricard, pongamos por caso, de pronto revive, mientras se recupera seguro que le gustará escucharte contar todo lo que has visto mientras aprendías a huir.

Por qué nos atrae una persona y no otra es un misterio que nunca desentrañaremos. Pero, vagabundo, hay tantas cosas tuyas que querría que fuesen también mías. Te dejas guiar por aquello en lo que nadie se fija: eliges un camino por el movimiento de una rama, cuando alguien pasa cerca sabes cómo es antes de mirarlo. Has dormido en bosques protegido por lobos, en campos de cebada, en cementerios. Has encontrado



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